La eliminación de barreras arquitectónicas, un tema pendiente

Se ha trabajado mucho en los últimos años, es cierto, se ha regulado de una manera clara y específica, pero las barreras arquitectónicas siguen ahí, siguen existiendo, en cualquier ciudad y casi cualquier edificio. A veces es por desidia o por desconocimiento, otras por pura intolerancia y muchas porque lamentablemente no se presta la debida atención.

Ejemplos hay miles. Vamos a ver algunos, reales, ciertos, y a veces absurdos. Nos vamos a un pequeño pueblo de Madrid, el nombre es lo de menos, porque seguramente no sea el único en el que ocurra. Tiene rampa, es más, hace poco se ha reparado. Bien. Y también tiene ascensor desde que se ampliaron las instalaciones. Perfecto.

Pero… el ascensor está oculto por un armario y no solo eso, sino que muchos padres desconocen incluso de su existencia y han tenido que ayudar a sus hijos a subir a la planta superior cuando se habían hecho un esguince o se había roto un pie. ¿Qué ocurre? Algo tan sencillo como que el ascensor hace años que no pasa las revisiones obligatorias. Sencillamente incomprensible.

Y eso ocurre en un centro público, pero no hay que irse muy lejos para encontrar barreras fruto de la ineficiencia más absoluta. Solo hay que fijarse en los rebajes y los bordillos de cualquier acera. En muchos casos es imposible subir el escalón con una silla de ruedas, porque el rebaje no es tal. Y no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de ello, solo fijarse un poco a la hora de hacerlo.

Peor son las barreras que a veces imponen personas poco solidarias. No es infrecuente el caso de comunidades de propietarios en las algunos vecinos rechazan la instalación de rampas “porque quedan mal”.

Son casos reales, lamentables, pero no extraños. Solo cuando alguien se ve imposibilitado de alguna forma se da cuenta de que lo que parece insignificante para muchas personas es un obstáculo prácticamente insalvable.