El trabajador social

Dedicar tu vida profesional al Trabajo Social es una hermosa decisión que te proporcionará un mayor acercamiento a la filantropía y al entendimiento de la condición humana, pero también se trata de un sector de gran responsabilidad y de esforzada labor.

El trabajador social debe actuar como un elemento vertebrador y cohesionador entre individuos, instituciones y organismos, de manera que todos puedan articular redes y beneficiarse de los recursos socioeconómicos existentes.

Su rol también es el de fomentar un clima propicio para la participación social. Para ello, deberá capacitar a la sociedad para que luego logre intervenir en los procesos comunes de convergencia. La organización de la comunidad juega aquí un papel importante.

Suya también es la responsabilidad de diseñar diversas actividades e implementar estrategias de cohesión social para que las personas puedan participar de la vida pública, ya sea de forma individual o colectiva.

Pero en el poder conciliador del trabajador social también se incluye su fuerza de acción y de orientación en conflictos que se produzcan en un determinado contexto. La búsqueda común de soluciones y la construcción de procesos pacíficos con los que alcanzar el acuerdo serán la premisa elemental con la que enfrentarse a esos conflictos que puedan surgir en el seno de una comunidad, una familia, un grupo de personas o una colectividad en problemas.

Los esfuerzos de un profesional del trabajo social también abarcan faenas de naturaleza investigadora. Así, el trabajador social podrá adentrarse en las causas que motivan un determinado fenómeno social o la manifestación de un conflicto concreto. Detectar las causas de una anomalía social y de una tendencia corrosiva para el conjunto de la sociedad será el primer paso en la búsqueda de una solución eficiente. Además, entre las funciones del trabajador social también se encuentra la de ejercer un poco como gestor de los recursos públicos que deben ponerse a disposición de la gente.