Pocoyó también en lenguaje de signos

Normalizar la vida de cualquier persona que tenga una minusvalía física o sensorial es fundamental, tenga la edad que tenga. Pero los niños son siempre mucho más sensibles, por eso cualquier iniciativa en este sentido debe ser bienvenida e imitada.

En este caso ha sido uno de los personajes más queridos por los niños quien ha dado ejemplo. Nos referimos al simpático Pocoyó. Con motivo del Día Internacional de la Lengua de Signos el pequeño muñeco protagonizó un vídeo de 20 segundos en el que saludaba a los niños sordos en el lenguaje de signos.

Es habitual el uso de subtítulos, en determinados programas también la aparición de un intérprete en una esquina de la pantalla, pero que sea el protagonista animado el que salude en el lenguaje de signos es todo un símbolo. Símbolo que ha ido un poco más allá, porque la productora de Pocoyó ha doblado uno de los capítulos al lenguaje de signos, una excelente manera de facilitar la integración de los más pequeños y de que disfruten, como cualquier otro pequeño, de las aventuras de uno de los personajes infantiles más queridos de la televisión.

Pocoyó se ha convertido así en todo un ejemplo, en el primer dibujo que habla la lengua de signos. Un primer paso que seguramente acabará extendiéndose, aunque sea necesario esperar para verlo, pero toda gran obra comienza con un pequeño gesto.

Existe la conciencia y existe el interés, por eso, que poco a poco se vayan poniendo en práctica iniciativas de este tipo es fundamental, y lo es porque hablamos de un colectivo mucho más numeroso de lo que se piensa. Cada año nacen en España dos mil niños con problemas auditivos. Y no solo eso, sino que en nuestro país hay un millón de personas que usan el lenguaje de signos para comunicarse, a veces con un miembro solo de la familia, en otras son todos sus miembros los que tienen problemas de audición.

Playas adaptadas para minusválidos

Que una discapacidad no sea obstáculo para disfrutar del ocio como cualquier otra persona es todo un reto. Y se va avanzando, poco a poco, pero sin descanso. Uno de los ejemplos es el de las playas adaptadas, cada vez más numerosas.

Cierto es que aún son pocas, muy pocas, si consideramos los casi 8.000 kilómetros del litoral español, pero es necesario seguir avanzando por el buen camino. Apenas hay un centenar y medio de playas adaptadas, pero al menos todas las comunidades con costa cuentan con alguna en la que las personas con discapacidad puedan moverse con mayor o menor libertad, pero moverse al fin y al cabo.

Y al hablar de playa adaptada no nos referimos a una simple pasarela de madera que llegue hasta la orilla. De poco sirve si la persona con dificultades motoras no puede llegar a ella o no cuenta con la ayuda necesaria. Una playa verdaderamente accesible debe contar con otros servicios imprescindibles.

El primero de ellos es la presencia de personal específicamente preparado para ayudar a personas con problemas de movilidad. Puede ser el personal de Cruz Roja o voluntarios que se dediquen exclusivamente a prestar este tipo de apoyo durante unas horas al día. En cualquier caso, deben ser personas con una formación específica, capaces de responder a las necesidades de los minusválidos y vigilar que su baño se realice de manera lo más segura posible.

Además, es imprescindible que tengan sillas especiales que puedan utilizar estas personas para poder disfrutar de la playa en todo momento. Y, en algunos lugares como la playa de los Pocillos, en Lanzarote, hay incluso escuelas de buceo que ofrecen un magnífico servicio para que personas con problemas de movilidad puedan disfrutar de los fondos marinos y vivir una experiencia única.

Andalucía Asturias, Canarias, Cataluña… solo hay que buscar un poco para encontrar una playa adaptada. Tal vez no sean demasiadas, pero al menos, hay alternativas para elegir.

La eliminación de barreras arquitectónicas, un tema pendiente

Se ha trabajado mucho en los últimos años, es cierto, se ha regulado de una manera clara y específica, pero las barreras arquitectónicas siguen ahí, siguen existiendo, en cualquier ciudad y casi cualquier edificio. A veces es por desidia o por desconocimiento, otras por pura intolerancia y muchas porque lamentablemente no se presta la debida atención.

Ejemplos hay miles. Vamos a ver algunos, reales, ciertos, y a veces absurdos. Nos vamos a un pequeño pueblo de Madrid, el nombre es lo de menos, porque seguramente no sea el único en el que ocurra. Tiene rampa, es más, hace poco se ha reparado. Bien. Y también tiene ascensor desde que se ampliaron las instalaciones. Perfecto.

Pero… el ascensor está oculto por un armario y no solo eso, sino que muchos padres desconocen incluso de su existencia y han tenido que ayudar a sus hijos a subir a la planta superior cuando se habían hecho un esguince o se había roto un pie. ¿Qué ocurre? Algo tan sencillo como que el ascensor hace años que no pasa las revisiones obligatorias. Sencillamente incomprensible.

Y eso ocurre en un centro público, pero no hay que irse muy lejos para encontrar barreras fruto de la ineficiencia más absoluta. Solo hay que fijarse en los rebajes y los bordillos de cualquier acera. En muchos casos es imposible subir el escalón con una silla de ruedas, porque el rebaje no es tal. Y no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de ello, solo fijarse un poco a la hora de hacerlo.

Peor son las barreras que a veces imponen personas poco solidarias. No es infrecuente el caso de comunidades de propietarios en las algunos vecinos rechazan la instalación de rampas “porque quedan mal”.

Son casos reales, lamentables, pero no extraños. Solo cuando alguien se ve imposibilitado de alguna forma se da cuenta de que lo que parece insignificante para muchas personas es un obstáculo prácticamente insalvable.

Cómo adaptar la vivienda a una persona con minusvalía

Si hay algo que el mercado inmobiliario español no ha tenido muy en cuenta hasta ahora han sido las necesidades específicas de un colectivo tan importante como es el de personas con algún tipo de minusvalía física. Encontrar una vivienda que esté perfectamente adaptada y que no necesite reformas es tarea prácticamente imposible.

Por ello, no queda más remedio que reformar las casas para que sean realmente habitables para una persona que necesita una silla de ruedas o incluso para un anciano que debe apoyarse en un andador para desplazarse. ¿Pero en qué hay que fijarse a la hora de acometer las obras?

Es mucho más complicado que ampliar el hueco de las puertas, mucho más. La movilidad debe estar garantizada en todo el espacio, por lo que hay que tener en cuenta, por ejemplo, el ancho de los pasillos y los posibles giros que tengan. Así, las puertas no deben tener una anchura inferior a los 70 cm y los pasillos a los 90 cm. Además, los suelos deben ser antideslizantes y no tener irregularidades. Y, siempre que sea posible, conviene poner agarraderos en puntos estratégicos de la vivienda.

Hay que tener en cuenta, además, que en todas las estancias debe haber sitio suficiente entre los muebles para que la persona pueda moverse en la silla de ruedas, que no haya obstáculos y que la altura del mobiliario sea la adecuada para que pueda alcanzar los objetos y productos básicos.

¿Y el baño? Especialmente relevante porque es el lugar en el que más accidentes se producen. Aquí, de nuevo, el espacio es esencial. Y no solo eso, una ducha de suelo con asiento ortopédico, agarradores junto al inododo y sanitarios y lavabos a la altura adecuada son fundamentales para poder sentirse seguro.

Conseguir que una vivienda esté perfectamente adaptada no es tarea sencilla, por eso conviene siempre solicitar el consejo de profesionales acostumbrados a realizar este tipo de trabajos.