PLACEAT

Hablar de PLACEAT es hacerlo de una asociación que trabaja a favor de las personas que sufren una discapacidad intelectual en la zona de Plasencia y de las comarcas del norte de la provincia de Cáceres. El próximo año, esta asociación, que ya fue nombrada de Utilidad Pública allá por 1978 merced al criterio del Consejo de Ministros del momento, cumplirá nada más y nada menos que cuarenta y cinco años. Cuarenta y cinco años de trabajo continuado.

Como un ejercicio más de su esfuerzo diario por mejorar la vida de las personas con discapacidad, PLACEAT ha programado para el próximo día 19 de junio una carrera inclusiva que constará de 10 kilómetros de trayecto. Estos diez mil metros que tendrán que recorrer los participantes –también en silla de ruedas correrán algunos de los inscritos- serán supervisados por los voluntarios de la asociación PLACEAT.

El marco de la carrera será el inigualable entorno del río Jerte de Plasencia. Uno de los factores más reseñables de esta carrera es que el trayecto aboga por la eliminación absoluta de las barreras arquitectónicas.

El recorrido carece de cualquier tipo de barreras, como ha podido corroborar Nuria López Fernández, paratleta que participará en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro que se celebrarán este mismo año. Nuria López hará este recorrido en su silla de ruedas, toda vez que ha sido testigo de que la carrera “no tiene barreras arquitectónicas”.

El recorrido de esta cita no dispone de ningún tipo de escalón o escollo; los únicos veinte metros del itinerario que poseen un firme más rugoso e inestable están siendo arreglados y debidamente acondicionados para que Nuria no tenga ningún tipo de problemas en su travesía en la silla de ruedas. La carrera servirá además para reivindicar el nombre de PLACEAT y el trabajo que vienen haciendo desde hace casi siete lustros.

Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro

Mucho se está hablando ya de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que se celebrarán dentro de algunas semanas. Pero, lamentablemente, poco espacio tienen en los noticiarios del planeta -aunque siempre hay honrosas excepciones y buenos espacios de información que sí muestran sensibilidad por todos los deportistas- las noticias relativas a otro de los grandes acontecimientos que se celebrarán en este 2016, los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro.

El éxito de los Juegos Paralímpicos, a nivel social y humano, siempre es mayor que el de cualquier competición de los Juegos Olímpicos. En la cita de los Paralímpicos sí que están presentes todos los verdaderos valores del Olimpismo; aquí sí que hay verdadera capacidad de superación, de progreso, de avance, de esfuerzo, de integración, de rebasar la adversidad, de crecer como personas, de aprender, de luchar en una competición que va más allá de las medallas, de vencer al destino, de amar la vida pese a todo y ante todo…

Ya faltan menos de cien días para que los Juegos Paralímpicos vuelvan a alumbrar a la pertrecha esperanza de la condición humana. Será la edición número 15 de esta cita planetaria. Latinoamérica acogerá por vez primera un evento de este calibre, capaz de inspirar al mundo, de marcar un horizonte de superación, de batir todos los récords de esfuerzo posibles y al alcance de lo humano.

Cuando los Juegos Olímpicos terminen, llegarán los Paralímpicos a Río de Janeiro, por lo que el mundo entero deberá estar de enhorabuena. Este año, el país anfitrión es una auténtica potencia; Brasil siempre aprieta fuerte en el medallero de los Paralímpicos, merced a la buena labor llevada a cabo en el país latinoamericano en materia de igualdad e integración de todas las personas desde que llegara al gobierno de la nación Luiz Inácio Lula da Silva. Los Juegos Paralímpicos serán aun auténtica fiesta, pero también serán una cita para seguir reivindicando los derechos de las personas con discapacidad.

En contra de las barreras arquitectonicas

Las barreras arquitectónicas, que a veces pasan desapercibidas para buena parte de la población –a veces son ignoradas por quienes pueden llevar una rutina de más o menos calidad con ellas-, suponen un grave incordio para las personas con discapacidad. Estamos hablando de un conjunto de obstáculos físicos que dificultan que haya sectores de población que puedan desplazarse por los espacios urbanos con normalidad.

Así, estas barreras arquitectónicas suponen un verdadero un engorro para las personas afectadas; su presencia en el paisaje de los pueblos y ciudades puede dar lugar a que algunas personas no puedan acceder a ciertos lugares, desplazarse por ciertos edificios o llegar a unas zonas concretas.

Cuando una persona que va en silla de ruedas se topa con un bordillo sin ningún tipo de rampa que facilite el acceso, ahí tenemos una barrera arquitectónica. Por supuesto, existen muchas más barreras que hacen la vida de las personas con discapacidad más difícil. Por ejemplo, en nuestro país estamos acostumbrados a ver gran cantidad de edificios públicos -también privados, claro está- a los que sólo se puede acceder mediante escalera, ya que no tiene ningún tipo de rampa.

asdgConcienciar en esta materia es tarea de todos. Diversos colectivos y asociaciones vienen insistiendo desde hace años en la necesidad de eliminar este tipo de barreras arquitectónicas, como ONCE o IMSERSO.

Todos estamos acostumbrados, lamentablemente, a ver autobuses urbanos a los que les falta la rampa para personas en sillas de ruedas; a veces, la desidia y la falta de empatía de las empresas lleva a que, cuando las guaguas sí disponen de esas rampas, éstas no funcionen.

Las personas con discapacidad visual son otras de las más perjudicadas, teniendo que sortear en sus cotidianidades cantidades de elementos urbanos que les dificultan la vida y que deberían de haber desaparecido. No obstante, en este escenario hay mucho por hacer, por lo que todos deberíamos mostrar empatía y trabajar por que desaparezcan las barreras arquitectónicas.

Barreras Léxicas

A veces, las primeras barreras que impiden la inclusión en la sociedad de todos los perfiles de personas y la normalidad absoluta con la que se reconoce la valía de todos los individuos son las barreras léxicas. Durante años hemos escuchado eso de persona “minusválida”, como si asumiéramos que la valía de una persona con un determinado problema físico o mental iba a ser por ello menor que la del resto de ciudadanos.

¿Minusválido, menos válido? Si esta asociación de palabras que dio lugar a una nueva tiene estas tristes connotaciones semánticas, pues es mejor desecharla y sustituirla. El término correcto para referirse a las personas que sufren “déficits y limitaciones en la actividad y restricciones en la participación” no está del todo claro.

Referirnos a ellos como discapacitados tampoco puede ser del todo preciso, ya que la palabra entraña en sí misma el significado de una falta de capacidad. Quizá sea más preciso que discapacitado hablar de “persona con discapacidad”, que parece lo mismo que “discapacitado” pero no lo es. De hecho, el 3 de diciembre ya se ha convertido en el “Día Internacional de las Personas con Discapacidad”, siguiendo las pautas del lenguaje a las que instó la Organización de las Naciones Unidas en 1992.

La mismísima Organización Mundial de la Salud optó en 2001 por abandonar el empleo de las expresiones de “minusválido” y “persona con minusvalía”, por considerarlas como peyorativas y poco tolerantes con la comunidad de personas con discapacidad.

Este puede parecer un debate superfluo y sin importancia real para el sentir de la comunidad de personas con discapacidad. No obstante, este escenario en el que el lenguaje parece es el protagonista sí tiene su trascendencia, toda vez que la palabra es fundamental para construir contenido, para tender puentes y para aportar valor al grueso de los pueblos. Si queremos explorar esta vía de la tolerancia léxica, también tenemos las opciones de hablar de “diverso funcional” o de “persona con capacidades diferentes”. Todo cuenta a la hora de eliminar las barreras que conducen al respeto de todas las personas.